"Sobre el papel, no parecía nada. Un comienzo simple, casi cómico. La cadencia, trompas, fagots, clarinetes. Igual que en la caja de ruidos. Luego, de repente, imponiéndose, un oboe; una sola nota mantenida en el aire hasta que el clarinete toma el relevo, la dulcifica y la convierte en una frase deliciosa... era una música que yo no había oído, henchida de anhelo, de un insaciable anhelo. A mi me parecía oír con ella la voz de Dios."
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