29 de diciembre de 2010

"Sobre el papel, no parecía nada. Un comienzo simple, casi cómico. La cadencia, trompas, fagots, clarinetes. Igual que en la caja de ruidos. Luego, de repente, imponiéndose, un oboe; una sola nota mantenida en el aire hasta que el clarinete toma el relevo, la dulcifica y la convierte en una frase deliciosa... era una música que yo no había oído, henchida de anhelo, de un insaciable anhelo. A mi me parecía oír con ella la voz de Dios."

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